Evangelio del cuerpo: Poema de Magdalena Cueto
- revistadigitalmyst
- 9 jul 2025
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Actualizado: 3 ene
Este poema pertenece Magdalena Cueto, periodista y poeta, nacida en Santiago de Chile en1997.
EVANGELIO DEL CUERPO
Tus manos, dos víboras lentas,
enroscan mis muslos
con hambre extática.
Reptan, heridas, sedientas,
como si el polvo del Génesis
aún ardiera bajo mis poros.
Adán no muerde — desgarra—
come la carne
como si el verbo fuera herida .
La creación gime en el hueco de mi vientre
una génesis inversa,
manchada de placer.
Tu voz,
esa letanía quebrada,
se estrella contra mis dientes,
un salmo embriagado de fiebre.
Tu lengua,
una daga consagrada,
unge altares con mi savia.
Los vitrales lloran,
las velas temblorosas
se apagan bajo tu aliento impuro.
Te abro todas mis puertas:
esas que el Altísimo selló
con salmos de castidad y cadenas de culpa.
Las rindo una a una,
como mares ante bastones antiguos.
Cada umbral canta, cede,
se convierte en apóstol
de este rito sagrado y sucio.
Puedes entrar.
¡No temas!
He exhumado los santos,
los he sepultado bajo mi cama.
Aquí sólo quedamos tú, yo,
y esta fe que huele a incienso profano.
El calor del pecado asciende,
una procesión de rodillas
que trepa mi piel en penitencia.
La Virgen ha roto su velo.
Ella canta himnos de salvación
¡Escucha!
canta para nosotros.
Mientras tú —falso redentor—
te hundes y resurges,
mueres y naces.
Como si mi cuerpo fuera
la tumba de todos los pecados.




