Lux Violeta: “Gran parte de nuestro trabajo nace de la poesía”
- revistadigitalmyst
- 25 jun
- 6 min de lectura
Por: Francisca Gaete Trautmann

Jessica Sequeira, vocalista de la banda Lux Violeta, conversó con Revista Mystic Arts sobre este proyecto musical integrado por Carlos Mejías y Richi Barrenechea. La agrupación posee un sello particular: se define como una banda que, a través de la poesía, establece un vínculo con el mundo asiático.
Durante la entrevista, Jessica comentó que actualmente se encuentran trabajando en su quinto EP, titulado El libro perdido. Los invitamos a leer esta conversación y descubrir una propuesta artística que une la poesía con la cultura asiática de una manera única.
Cuéntanos sobre ustedes, su motivación al hacer esta banda y la evolución musical de Lux Violeta
Lux Violeta es un trío. Comenzó como un dúo formado por Jessica Sequeira y Carlos Mejías. Con el tiempo evolucionamos hacia este formato con la incorporación de nuestro amigo Richi Barrenechea. Esa evolución también se ha reflejado en nuestra música. En nuestros inicios como dúo, trabajábamos principalmente desde una sensibilidad más folclórica. Luego, ya como trío, exploramos nuevos territorios sonoros y grabamos Supriya, un disco con una fuerte inspiración asiática. Actualmente estamos preparando un nuevo trabajo con una orientación mucho más rockera.
Nuestra principal motivación ha sido musicalizar la poesía y hacerla más accesible y atractiva para un público amplio, en un registro cercano a lo popular. Hemos presentado en colegios, difundido cancioneros, entre otras actividades de mediación cultural.
El primer EP, Mistralswagen, reúne cinco canciones basadas en textos de Gabriela Mistral provenientes de Poema de Chile y Lagar II, recorriendo paisajes tanto físicos como oníricos. Luego vino Supriya, con poemas de Gabriela Mistral y Rabindranath Tagore. Más tarde realizamos Letras migrantes, banda sonora original para la serie homónima de TVN dedicada a poetas que viven y trabajan en Chile, y posteriormente Ocho poemas, que musicaliza textos de ocho grandes voces de la poesía chilena.
Actualmente estamos preparando nuestro quinto EP, El libro perdido, compuesto por siete canciones basadas en textos de poetas mujeres vinculadas a Asia. Tendrá un sonido mucho más rockero y eléctrico que nuestros trabajos anteriores. De alguna manera, este proyecto resume dos de los intereses que han guiado nuestra trayectoria desde el comienzo: la poesía y el diálogo cultural entre Chile y Asia.
¿Por qué tocan melodías latinoamericanas y asiáticas? ¿Nos pueden contar sobre sus instrumentos?
Creo que hay dos elementos que definen a Lux Violeta en este momento: el primero es que musicalizamos poesía. Comenzamos trabajando principalmente con poetas de Chile y, con el tiempo, ampliamos nuestra mirada hacia Asia. Para nosotros la palabra es fundamental; prestamos mucha atención al texto y buscamos que la música dialogue con él. El segundo elemento es nuestro interés por Asia. En mi caso, tiene una dimensión muy personal. Mi padre nació en Mumbai y me considero parte de una identidad india-chilena. Además de mi trabajo como investigadora de estudios asiáticos, me interesan la tradición india, la filosofía, la poesía y la tabla india, que estudio desde hace unos años. También me he dedicado al estudio de China y a las conexiones culturales entre Asia y Chile. Dentro de mis influencias de música india están grandes maestros como Zakir Hussain, U. Srinivas y Kala Ramnath, cuyos sonidos han sido muy importantes para mí. Actualmente me influyen muchos músicos y grupos británicos que han experimentado con sonidos indios de formas novedosas, como Talvin Singh, Tabla Beat Science, Joi y Asian Dub Foundation.
Richi llegó a su interés en Asia por un camino completamente distinto. Desde su interés por las tradiciones contemplativas comenzó a explorar el guzheng chino, además de prácticas como la pintura sumi-e y la ceremonia del matcha. Es una faceta que convive de manera muy interesante con su trayectoria más ligada al rock como baterista de Saloon.
Carlos, aunque solemos bromear diciendo que es “el chileno más chileno que existe”, también tiene una enorme curiosidad por las músicas del mundo. Es un melómano incansable y le interesan especialmente los cruces entre tradiciones musicales, desde el jazz y la electrónica hasta proyectos como Codona u Oregon, que incorporan influencias asiáticas en contextos contemporáneos.
En cuanto a los instrumentos, yo, Jessica, toco teclados, tabla india y canto; Carlos está a cargo de la guitarra eléctrica; y Richi toca batería y guzheng chino. Probablemente el guzheng sea el instrumento que más llama la atención del público, porque no es habitual verlo en escenarios chilenos, pero para nosotros forma parte natural de esa búsqueda de diálogo entre distintas tradiciones culturales y musicales.
¿Cómo se definirían como grupo nacional?
Nos definiríamos como una banda profundamente vinculada al mundo de la poesía y a su comunidad de creadores, pero al mismo tiempo muy cómoda dentro de la escena del rock. Ambas dimensiones conviven de manera natural en nuestro trabajo. Nos sentimos parte de una tradición chilena muy rica, donde la música ha sido también una forma de memoria, resistencia y búsqueda artística. Hay referentes fundamentales para nosotros, como Violeta Parra y Víctor Jara, y también bandas como Congreso o, más recientemente, Candelabro, que han explorado caminos propios sin perder conexión con su contexto. Creemos que compartimos ese espíritu de exploración y resistencia cultural, aunque desde un lugar lateral.
Nuestra música está atravesada por influencias asiáticas, por el diálogo entre distintas tradiciones poéticas y musicales, y por una búsqueda que no siempre encaja en categorías convencionales. Además, tanto Carlos como Richi tienen una formación ligada al jazz, algo que aparece de manera sutil en nuestra forma de abordar los arreglos, la improvisación y la escucha dentro del grupo. En ese sentido, nos sentimos muy chilenos, pero también interesados en tender puentes hacia otras culturas y formas de entender el mundo.

¿Tienen algún mensaje en especial?
Quizás nuestro mensaje es que existen la amistad, el amor y la posibilidad de encontrarnos a través de las palabras. Creemos que esos vínculos son los que dan sentido y belleza a la vida, y que también pueden ayudarnos a construir comunidades más humanas y solidarias. Gran parte de nuestro trabajo nace de la poesía, y creemos que el lenguaje puede ayudarnos a desarrollar emociones, comprendernos mejor y relacionarnos de una manera más profunda con los demás.
También creemos que la vida adquiere sentido en las amistades que cultivamos, las personas que amamos y las experiencias que compartimos. En un mundo que a veces parece muy fragmentado, nos interesa recordar que todavía es posible crear comunidad, escuchar al otro y encontrar belleza en lo cotidiano. Y aunque sabemos que nuestra vida es finita y que la muerte forma parte de la experiencia humana, también nos gusta pensar que algo de nosotros permanece en los afectos, en los recuerdos, en las palabras y en las obras que dejamos atrás. Son preguntas que la música y la poesía nos ayudan a explorar.
El trabajo con músicas y culturas de distintas latitudes puede abrir un espacio de experimentación que desestabiliza los esencialismos conservadores del nacionalismo y del género, presentes tanto en India como en Chile. La música configura así un campo de experimentación estética y relacional en el que se ponen en cuestión formas de identidad fijadas de antemano.
¿Cómo unen la poesía con las melodías? ¿Cómo nace eso?
La mayoría de las veces comenzamos desde el texto: un poema que hemos elegido por su calidad literaria o simplemente porque nos conmueve. Muchos de esos textos son de mujeres, y algunos también son de mi autoría. A partir de ahí empieza el trabajo musical.
Buscamos respetar el poema, pero no de una manera literal. La música también lo lleva hacia otros lugares; va descubriendo algunos de sus misterios y secretos, o revelando aspectos que nosotros mismos encontramos en nuestra lectura e interpretación del texto.
Por lo general las canciones comienzan con un piano o una guitarra, y desde ahí desarrollamos los arreglos en conjunto. Luego trabajamos con software para expandir las ideas, experimentar con los sonidos y construir el universo musical de cada pieza.
¿Cuáles son sus influencias musicales y poéticas?
Venimos de mundos musicales distintos que se superponen de una manera muy interesante, como un diagrama de Venn donde cada uno aporta algo diferente. En mi caso, escucho mucha música de la India, además de bandas de indie rock.
Carlos tiene una fuerte afinidad por el metal, el noise y las músicas más experimentales. Richi, por su parte, siente una gran cercanía con el synth pop de los años ochenta. A pesar de esas diferencias, también compartimos varios puntos de encuentro. Los tres escuchamos mucho rock chileno y argentino, tanto clásico como contemporáneo, y admiramos a artistas que han sabido desarrollar una voz propia dentro de tradiciones muy diversas. También compartimos el gusto por PJ Harvey, Siouxsie and the Banshees, Juana Molina, Blonde Redhead y Elysian Fields. Creemos que esa combinación de intensidad emocional, exploración sonora y sensibilidad melódica ha influido en nuestra música.
En el ámbito literario ocurre algo parecido. Los tres amamos la poesía y los tres escribimos, aunque yo soy la única que publica libros. Nuestra relación con la poesía no es solamente como lectores o músicos: también es una práctica creativa que forma parte de nuestra vida cotidiana y que alimenta constantemente nuestro trabajo como banda.
¿Cuáles son sus redes Sociales?
Pueden seguir nuestro trabajo en Instagram en @luxvioletaband. Ahí compartimos música, novedades, fechas de presentaciones y el proceso creativo detrás de nuestros proyectos.




