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No hay caminos en el mar del Pacífico: Poema de Baly

No hay caminos en el mar del Pacífico.


Miro el tiempo en espirales.

Se encuentra avasallado por las decisiones de los

dueños del mundo.

Hay caminos que se cortaron de golpe;

y otros que se decidieron dejar para el olvido.


Dios me libre del olvido que no olvida mi memoria.

Materialista hasta en el llanto,

de los arreboles del arrebato.


En la oscuridad de la noche prefiero caminar

acompañada de mis perras.

Que la insolencia abrace la rebeldía que otorga

seguridad

ante la incertidumbre famélica de un anochecer

* en Santiago-Centro.


Extiendo mi visión y cargo al hombro mi destino.

Varias veces me enternecí al ver,

cuánto recorrido habían ya caminado

mis torpes pies.

Y siempre voy sola, aunque estén a mi lado.

Y siempre nostálgica, añorando el pasado.


Espero que mis caminos algún día me lleven a

recorrer,

los mágicos bosques de Yakushima.

O que pendan desde los rascacielos de Shibuya.

Antes de que me pillen gritando banzai

en el nido de la acústica. 2

En la oscura esquina que ampara

los silencios de lo inexplicable.


Descienden los caminos como carreteras vistas desde

lejos.

El poniente es atravesado por un halo de luz

resplandeciente

que presagia,

el augurio de que todo acaba en tu cuarto a oscuras.

¿Se ha construido o está hecho para construirse?

Perderse es lo más parecido a encontrarse desnuda de

imposiciones en un mar de aserrín esponjoso.

/y el mar es mi norte/

Porque no hay caminos en el mar del pacífico.


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2. 2 de noviembre, Stella Díaz Varín.


Por Baly


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